BARRIOS DE VALENCIA: LA PETXINA – BOTÀNIC

La Pechina y Botánico son dos barrios que junto con La Roqueta y Arrancapins conforman el distrito de Extramurs. Son unos de los más céntricos de la ciudad, aunque su nombre todavía hace referencia a la zona que quedaba fuera de los muros del municipio.

El topónimo Extramurs aparece por primera vez en 1979, aunque su concepto “fuera de las murallas” era ya reconocido durante más de un siglo. Desde que alrededor de 1860 se derribaron el resto de murallas que quedaban en la ciudad con el argumento de mejorar la calidad de vida, sanear las edificaciones y seguir la corriente de los planes urbanísticos de las ciudades más importantes de España y de Europa.

La Petxina está limita al norte con Campanar, al este con El Botànic, al sur con Arrancapins y al oeste con Nou Moles. En los libros de historia, arte y arquitectura, la Pechina es un elemento arquitectónico decorativo de piedra, en forma de concha. Uno de estos se encontró junto el pretil del río Túria, con tanta importancia que le dio nombre a una travesía de la ciudad y al barrio. La otra versión, que forma parte de la leyenda, dicien que marcaba el punto del quemadero, el lugar donde tiraban los cadáveres de los ajusticiados y los quemaba la Santa Inquisición con un: “el fuego lo purifica todo “,allí ardieron los cuerpos de herejes del cristianismo, judíos conversos, moriscos, esclavos, homosexuales, prostitutas, brujas, endemoniados y blasfemos. Eran juzgados y condenados en la Casa de la Penitenciaría que irónicamente está situada en la Calle Quemadero, actual calle Sanchís Bregón, que desemboca al Paseo de la Pechina, junto al pretil del río donde se ubica la Pechina.

El Botànic limita al norte con Campanar y Les Tendetes, al este con El Carmen y El Pilar, al sur con La Roqueta y al oeste con La Petxina. El barrio toma su nombre del Jardín Botánico, que fue fundado en 1567, pero durante más de 200 años fue un huerto de plantas medicinales ligado a los estudios de medicina. Hasta el XIX estuvo situado en distintos lugares hasta que en 1802 la universidad lo traslado definitivamente al huerto de Tramoieres, fuera del muro de la ciudad y cerca de las Torres de Quart, donde está situado actualmente. Durante el S.XX sufrió un periodo de abandono hasta que en el 2000 se concluyó una restauración integral. Actualmente tiene una importante actividad educativa y cultural.

Pero si hay un espectador y símbolo visual de referencia que ha perdurado a través de los siglos estas son sin duda las “Torres de Quart”, que junto con las “Torres de Serranos” son los únicos restos que han llegado hasta nuestros días de la antigua muralla medieval de Valencia. Las Torres de Quart, con una altura de 34m fueron construidas entre los años 1441 y 1460 para sustituir a un portillo anterior, construido en 1356 que había quedado obsoleto dada la importancia de la ciudad y el tráfico de personas y carros procedentes del interior de la península. El estilo de las torres es un gótico valenciano tardío militar, imitando a las Torres o Arco del Triunfo del Castel Nuovo de Nápoles.

A las Torres de Quart también se les ha llamado puerta o portal de Cuarte y puerta de la cal, porque desde 1650 toda la cal que entraba en Valencia tenía que entrar por esta puerta. Eran también el camino de entrada y salida hacia los pueblos y ciudades del interior de la península (camino Real de Madrid) cuyo camino pasaba por la población de Quart de Poblet de donde toma su nombre. Estas torres defensivas apenas tienen decoración, la parte exterior es cilíndrica lisa para dificultar el acceso a las mismas y disponían de un foso, cegado en la actualidad. Entre las dos torres en 1449 se colocaron unas puertas de madera de 4 metros de altura rematadas con arco de medio punto, rodeado de sillería, que en sus orígenes albergó el ángel custodio para luego sustituirse por el escudo de Valencia. Sus dependencias interiores han sido utilizadas en el tiempo para diversas funciones, lo que supuso el inicio de numerosas tensiones entre la autoridad militar y el Ayuntamiento por el control y utilización del edificio.

En 1562 fueron utilizadas como almacén de pólvora. Pero en 1585 con motivo del incendio de la antigua “Casa de la Ciudad” provocado por los presos recluidos en la cárcel municipal, fueron utilizadas por primera vez como prisión y posteriormente, cuando se habilitaron para prisión las Torres de Serranos sobre 1626, una de sus torres se destinó temporalmente a prisión para mujeres prostitutas.

Estas torres amuralladas han soportado la Guerra de la Independencia de los franceses, la de Sucesión, las cantonales y la Guerra Civil Española. En 1808 fueron utilizadas como defensa de la ciudad contra la invasión de las tropas de Napoleón, donde todavía en las torres, pueden observarse los impactos de la artillería francesa que bombardearon la ciudad durante la guerra de la independencia. En el proceso de restauración se han querido dejar las huellas de las 132 marcas de cañón y más de 1.000 perforaciones de proyectiles de fusil. En el siglo XIX el gobernador militar volvía a reivindicar el uso del edificio como prisión esta vez militar, seguramente por el hecho de que las Torres de Quart estuvieran en uso como prisión es por lo que se libraron de ser demolidas junto al resto de las murallas de Valencia en 1865. El 3 de Junio de 1931 fueron declaradas Monumento Histórico Artístico Nacional.

Pechina y Botánico son barrios eminentemente residenciales, con un parque de viviendas histórico mayoritariamente mayor de cincuenta años; de hecho, casi la mitad de sus casas fueron construidas entre 1900 y 1960. Aunque en la actualidad existen numerosos edificios mucho más modernos y la mayoría de los antiguos están rehabilitados y en buen estado, su historia es la de sus edificios, palpable y visible en sus colores, en su altura moderada, en el sabor de la mezcla de lo nuevo con lo histórico, el nuevo mestizaje de sus gentes, la fusión de culturas, de historias, de modos de vida, mudos testigos son sus calles, sus fachadas señoriales o a veces, no tanto pero cada una con su personalidad, con identidad propia. A cinco minutos caminando del centro, con varios colegios, centro de salud, servicios y variopintos comercios, unos que se han ido transformando y adaptando a los nuevos tiempos, otros que se mantienen genuinos, fieles a sus orígenes. Además con excelentes vías de transporte, bus, dos paradas de metro (Turia y Ángel Guimerá), plazas, parques y como no, el jardín Botánico y los jardines del Turia hacen de Petxina i Botànic un lugar donde da gusto vivir.
La Petxina i Botànic.
Un buen lugar para vivir.

 


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